martes, 17 de mayo de 2016

Seamos dignos depositarios de tan grande herencia

(los) OJOS DE MOYA | El pasado domingo fallecía Constancio Sáez, último maestro de danzantes de las tradiciones del Marquesado
Son los relevos de quienes durante casi cuatro siglos han mantenido viva una tradición, la de las celebraciones lúdico religiosas de Moya. Son quienes hacen volver la vida una montaña donde reina el silencio durante meses y meses y años y años. Y quienes cogen la antorcha de sus antecesores, son el santo y seña del antiguo marquesado. Son los danzantes de Moya. Sin ellos el Septenario, dedicado a la Virgen de Tejeda, no tendría sentido, como lo tiene desde 1639 cuando tuvieron lugar las primeras danzas. El tiempo hace mella en Constancio, con 82 años de edad, pero saca fuerzas de flaqueza para volver a desempolvar su sabia sabiduría y enseñar como se danza el Baile, El Cangrejo, La Zamoranilla y Los Palos.  Él es el maestro de danzantes. Historia, tradición y admiración le rodean. Como un halo de leyenda.

Si había un día para que Constancio Sáez dejara de danzar ese nunca debió ser un tercer domingo de mayo, en el que el Santo Cristo de la Caída vuelve a aferrarse a las ruinas de Moya como símbolo pétreo de supervivencia. O sí. Pensándolo bien.
Una despedida en silencio. Una caída, ésta hecha de carne, y una pérdida irreparable. Estos días Moya está de luto por el Maestro de Danzantes, historia viva y ahora leyenda de este libro ajado que es la Villa de Moya, que se resiste a ceder al desierto de la Serranía. Que aguanta en pie por orgullo. Por personas como Constancio, que danzando, enseñando, desde la humildad de las cosas que deben durar eternamente, insufló vida a la tierra yerma. Por personas como él el Marquesado, aún en la ruina de su centenaria capital aupada a su cerro, sigue vivo.
Seamos dignos depositarios de tan grande herencia. Agradecidos siempre. DEP Constancio. Fotografías : Raúl Turégano