jueves, 2 de junio de 2016

¿Nos podemos permitir el lujo de espantar a los visitantes?

(los) OJOS DE MOYA | Anécdotas y vivencias de quienes pasean por las Tierras de Moya
Llegamos a Narboneta a media tarde del sábado y una de esas casualidades del destino (o más bien consecuencia de estos párrocos multi-parroquiales que, agenda copada, ofician misas a deshora) quiso que nos cruzáramos con una feligresa, encargada para la ocasión de abrir la iglesia.
Solicitamos permiso para entrar, permiso concedido tras una mirada un tanto recelosa, y mientras la mujer preparaba el templo para el oficio echamos un rápido vistazo y realizamos un puñado de fotografías.
Al vigésimo fotonazo, desde la bancada del templo, la mujer se volvió y nos solicitó que no hiciéramos ni una foto más. Hecho sorprendente que, en todo caso, acatamos abandonando la iglesia un poco contrariados. Al fin y al cabo, como pudimos comprobar, para aquella mujer "tan solo" se trataba de un momento para rezar "a solas". Momento íntimo y personal, entendemos, que parecíamos romper con nuestra cámara intimidatoria.
No haremos juicios de valor sobre lo adecuado de la negación. Pero sí sobre un asunto, inherente a la situación, que fuimos cavilando mansamente. ¿Cuánto tiempo haría que un turista, no ya un periodista, se paraba a hacer fonda y foto en la iglesia de Narboneta? A juzgar por la reacción de la buena mujer, entendemos que hace mucho que nadie pasaba a interesarse por Narboneta y que, a fuerza de soledad (la localidad solo tiene censados medio centenar de habitantes), finalmente la visita se mira con recelo. Como si importunase.
No obstante, juzgamos nuevamente, seguramente sea nuestro rezo, fotográfico eso sí, igual de importante que el de una feligresa que quiere la iglesia para sí durante unos minutos. Porque la llave, en tiempo y hora que sea, le puede permitir rezar en el templo en cualquier momento. Pero una visita de 'foráneos' (algún día nos extenderemos sobre este concepto) que se interesan por un pequeño patrimonio rural, bien debiera acogerse con igual de regocijo que un 'padrenuestro'. Igual de importante que rezar es mostrar al mundo lo bella que es Narboneta y sus rincones. Aquí está la prueba VER ALBUM FOTOGRÁFICO IGLESIA DE NARBONETA
Para no faltar a la verdad, también hemos de añadir que a la salida de la iglesia, con nuestra contrariedad a cuestas, nos alcanzó otra mujer que, con la mayor amabilidad del mundo, nos preguntó si nos había gustado la iglesia. "Es magnífica", puntualizamos. A lo que la mujerita, puesta en regocijo por nuestra respuesta, nos  disparó una retahíla de quejas, mitad orgullo mitad resignación, sobre los arreglos que el templo necesita y que "el obispo, a quien ya se lo hemos pedido, parece no tener en cuenta".
Dicho queda. Y Amén.
"Ahora te vas a enterar"
A fuer de ser sinceros, hemos de reconocer que el título de esta columna no es nuestro. Se lo hemos tomado a Pepe Benedicto, 'activista' pro-Serranía Baja y su historia desde Fuentelespino de Moya, que hace unos días exponía un caso similar al nuestro, aunque éste con más inquietantes consecuencias.
Un visitante que se encontraba haciendo fotografías en el Arrabal de Moya, custodio a las faldas de la centenaria capital del Marquesado, fue increpado por una persona "instando a identificarse". Ante la presentación evidente como fotógrafo "el señor no quedó convencido y continuó instándome a que me identificara ya que tenemos muchos problemas con la gente que se lleva piedras". Finalmente, y tras una breve discusión, el increpador desapareció bajo la amenaza de "ahora te vas a enterar".
Una aptitud la de este hombre que, según confirman otros visitantes, no es nueva. Repetiremos la pregunta para que no quede sin respuesta. Al menos en el interior de cada cual. ¿Nos podemos permitir el lujo de espantar a los visitantes?