lunes, 12 de septiembre de 2016

El sabor de los tiempos pretéritos

OJOS DE MOYA | Una mirada a los encierros camperos de Zafrilla, tradición e historia viva de la comarca
Cuenca es tierra de toros. De toros y campo. Los pueblos de la región, los que se lo pueden permitir, sacan monturas y petos y honran a la tradición ganadera, a la trashumante que durante siglos dio el paso y el alma a las cañadas por los caminos y parameras.
Los encierros de Zafrilla son el alma de las fiestas. Aún conservan el sabor de tiempos pretéritos, y se sigue separando el morlaco elegido de la manada en La Reclova, lo que es muy seguido por los aficionados desde primera hora. Texto y Fotografías : Francisco Jesús García Delgado
Verlo desde todo lo alto da otra perspectiva distinta a la habitual. Acompañar a los caballistas que empujan a los cabestros y éstos a su vez al toro es muy bonito, y ofrece la oportunidad de dar un paseo de unas 4 horas hasta el pueblo, donde el astado será conducido hacia el puente para entrar en el pueblo.
Muchos aficionados de pueblos de alrededor acuden a presenciar el encierro, algunos en sus propios caballos, acompañando a la comitiva.
Los cánticos a San Fermín se repiten por tres veces en la entrada, junto a una pequeña imagen del santo, mientras los caballistas, ya muy cerca, se preparan para el arreón final, donde el toro coge velocidad cuesta arriba hacia la plaza. Luego algún torero dará unos capotazos en plena calle al morlaco y los más aguerridos citarán al toro de cerca. Una vez en la plaza hay tiempo para algún capotazo más antes de ser conducido a los chiqueros donde todo termina.