miércoles, 2 de noviembre de 2016

El Oro Rojo

OJOS DE MOYA | Nos acercamos hoy, de la mano de Mariano López Marín, a uno de los cultivos a los que se agarra la región como llave de futuro: el azafrán
© Mariano López Marín Va avanzando el otoño, cerrando octubre y abriendo noviembre a golpe de campana.  Todavía hoy se sigue cultivando azafrán en España siendo la comunidad de Castilla-La Mancha líder mundial en esta producción,  localizada en las provincias de Toledo, Cuenca y Ciudad Real. En Aragón también se ha reactivado la producción siendo Teruel la provincia  pionera.

Hace muchos años, hasta la década de los años 1960, se cultivaba  azafrán en algunos pueblos de las antiguas  Tierras de Moya, en la zona de la Serranía Baja de Cuenca, Landete, Talayuelas, Aliaguilla, Mira, Cardenete, Arguisuelas y Carboneras  y en zonas próximas de la Manchuela conquense y comarca Utiel-Requena. Era una forma de complementar la economía familiar en un cultivo que necesitaba mucha mano de obra, sobre todo cuando se recogían las rosas y se separaban los pétalos.
El oro rojo de nuestra tierra
Una de las especias más cotizadas y de las primeras en utilizarse fue el azafrán, considerado en la Edad Antigua y hasta nuestros días como «oro rojo». Estamos cerrando octubre y abriendo noviembre y por bastantes lugares de la Mancha conquense y toledana y de la provincia de Teruel comienza la recogida de la rosa del azafrán, un producto muy apreciado y que en lugares como la región castellano-manchega  y la provincia de Teruel se sigue cultivando, incluso incrementando su cultivo. Es otra forma de  estabilizar a la población rural, tan necesario en provincias como la de Cuenca y Teruel con alto grado de despoblación.
A mi memoria vienen recuerdos familiares de relatos relacionados con este cultivo en algunos lugares de las antiguas tierras de Moya  y en las comarcas cercanas. Incluso vivencias de mis años de estudiante de magisterio en Cuenca, a principios de los años  1970, cuando nos llevaba el profesor de geografía a realizar excursiones didácticas  y en alguna de ellas hablamos con  vecinos  de pueblos conquenses, entre ellos Belmontejo,  que estaban en sus puertas limpiando las cebollas del azafrán, los bulbos, que después servirían para sembrarlo.

Mi madre, Bienvenida Marín Marín me relataba los lugares situados junto a su caserío de la Boquilla (Salvacañete) donde sembraban azafrán o  cuando sus primas de la  Hoya del Peral Quintina y Valentina iban a Vallanca a trabajar de “ roseras”. Mi amigo de Salvacañete, Alfonso Marín, fallecido hace unos años  fue el último que sembró azafrán en Salvacañete en la década  de los años 1970. Había vivido en Monreal del Campo y allí todavía  se sigue cultivando. Se trajo unos cuantos bulbos y durante varios años lo cultivó en Salvacañete. También Virtudes Espejo, de Salvacañete, me contaba cuando iba de  “rosera“ a Landete junto  con otras chicas del pueblo. Mi suegro, Francisco Hernández Soriano, tuvo azafranar en Landete hasta la década de los años 1970 según me relataron él  y mi esposa. Antes de irse a realizar su trabajo de cobrador del coche de línea Landete –Utiel, en la época de la  recolección de la flor del azafrán, se iba al azafranar a recoger las flores antes de la  salida del sol. Luego  en  casa   se realizarían las labores de “esbrinado” sacar las  hebras o pétalos de la flor y tostado de estos. Mi esposa todavía participó en estas labores.  Después de  dejar de cultivar el azafrán  plantó la tabla de almendros. Todavía conservamos en la familia de mi esposa Mª Pilar  Hernández López los pesos que utilizaba su tía María López López cuando vendía  azafrán Valencia.