sábado, 21 de enero de 2017

El chamán de Cardenete

OJOS DE MOYA | El diario El Confidencial dedica en su edición de este sábado un especial sobre Anastasio Ferrero, tras su entrada en prisión esta misma semana acusado de estafa
Anastasio, Anas para los amigos, es un tipo con iniciativa. En 2009 olió que el tarot por teléfono podía ser buen negocio y abrió entonces el Tarot de Saray.
Lo manejaban su madre, su esposa y él mismo desde un chalé a las afueras de Cardenete (520 habitantes, Cuenca). 

El negocio iba bien. Los vecinos lo escuchaban dar carrete a los incautos sentado en una hamaca junto a su piscina mientras su tren de vida crecía. Ahora una caravana, otro día un Mercedes, viajes a Disneylandia, luego un apartamento en la costa de Almería... Llamaba la atención para una comarca acostumbrada al despoblamiento y al letargo económico. De ese chalé a las afueras iban y venían mensajeros de Seur desde los que Anastasio mandaba sus instrumentos llenos de poderes mágicos a toda España.
"Se hacía llamar Pablo cuando actuaba de chamán. Llenaba la sala de humo, se vestía de blanco y quemaba alcohol. A una mujer le cobró 4.500 euros por matar un conejo delante de ella y decir que era un conjuro", cuenta una vecina de Cardenete. El pueblo es pequeño, de calles retorcidas, pero tiene de todo: farmacia, banco, centro de salud, Guardia Civil. Todo el pueblo conoce a Anastasio Ferrero Gil y sus negocios. Aunque a la puerta del chalé una placa lo bautiza como Casa del Canalejas, en el pueblo todos la llaman "la casa de los líos". Los vecinos se han acostumbrado a ver por allí al cobrador del frac o al torero del moroso y salir de allí de vacío. Cuentan que él y su mujer han sido amigos del sargento de la Guardia Civil del pueblo.

Entre esos líos el más recordado es el de las bodas simuladas. Anastasio pedía a menudo la llave de la Ermita de San Antonio de Padua, a tres kilómetros a las afueras del pueblo. "Decía que iba a a hacer un ofrecimiento, o que tenía que rezar una novena y se iba", recuerda una vecina que pide el anonimato. Ateridos por el frío del temporal, los consultados cuentan la historia de Anastasio entre risas pero no quieren dar su nombre. Un día una vecina subió a la ermita y vio que estaba llena de centros de flores para bodas. El misterio se desveló poco después. "Una noche que llovía a cántaros aparecieron dos paquistaníes preguntando por el cura del pueblo. Enseñaban una foto en la que Anastasio salía vestido con una casulla blanca celebrando una boda". Anastasio nunca fue cura pero a cambio de una cantidad que según algunos rondaba los 6.000 euros las simulaba para ciudadanos paquistaníes. No todos los matrimonios llegaron a ser inscritos en el registro y los paquistaníes buscaban a Anastasio. El caso se cerró sin responsabilidades penales. LEER CRÓNICA COMPLETA