sábado, 28 de enero de 2017

"Entre la nieve y las ventiscas, el serrano recurría, y aún recurre, a la magia de las hogueras"

OJOS DE MOYA | Una mirada al santoral de invierno en la comarca, en este 28 de enero, día de San Julián, patrón de Cuenca
Un vistazo al santoral festivo de esta porción de la Sierra conquense nos revela una cantidad inusual de advocaciones medievales, sin duda conservadas por los pueblos desde la Repoblación (siglos XII-XIII): San Blas, San Gil, San Antón, La Candelaria, San Sebastián, Santa Águeda, San Marcos, Santa Bárbara... fiestas de invierno, celebradas hace años, cuando el clima era más extremado, entre la nieve y las ventiscas. Y el serrano recurría, y recurre todavía hoy, a las hogueras. Fuegos en la noche por San Sebastián, San Julián y San Antón; fuegos hiemales, de reminiscencias ancestrales.

San Antonio Abad, conocido unánimemente como San Antón en la comarca, es una festividad presente en casi todas las poblaciones, aunque su grado de conservación es muy variable. Etnológicamente muestra todos los rasgos típicos de una celebración de solsticio de invierno, como hogueras o bendición de bestias. En algunos de los pueblos es común saltar los fuegos de San Antón a la vez que se entonan "romances" o dichos para preservarse de la mala suerte o para hacer extensiva esta protección a los animales domésticos, hecho normalmente asociado a todos los fuegos solsticiales aunque son más conocidas las variantes de San Juan. En algunas ocasiones, los saltadores empuñan esquilas o cencerros, rasgo característico de las botargas del ciclo carnavalesco. En general es una festividad de un enorme interés, difícil de estudiar no obstante por lo decaído de su estado.
Los cultos a San Sebastián en la comarca son todos, casi sin ninguna duda, de origen medieval, aunque sólo en Campillos-Paravientos han tenido en época reciente un cierto lustre. Es muy frecuente que vengan aparejados a ritos de Carnaval por la proximidad temporal, como la sátira social o la inversión de roles.
Caso peculiar en el folclore de toda la provincia de Cuenca es la festividad de San Julián, 28 de enero, que conmemora la muerte del santo, segundo obispo de Cuenca en el gozne de los siglos XII y XIII. El auge de la festividad de San Julián como patrón de toda la diócesis parece arrancar de la canonización en el siglo XVI. Es curioso como en buena parte de las ocasiones, en todo el conjunto provincial, la nueva fiesta de San Julián se superpuso a la de San Sebastián (20 de enero), en lo que acabó siendo un mero intercambio de titular y un traslado de ocho días del evento. Donde San Sebastián todavía gozaba de arraigo popular, el santo que frecuentemente acabó desahuciado fue San Antón (17 de enero). Así, son raras las poblaciones donde se celebran las tres fiestas, por lo demás muy similares (mismo origen etnológico) y vinculadas indefectiblemente a la quema de grandes hogueras. www.villadecanete.com