jueves, 23 de febrero de 2017

¡Qué gran día de Jueves Lardero!

OJOS DE MOYA | Una mirada al pasado de la comarca en un jueves que no es como otro cualquiera
© Mariano López Marín-Recuerdos y Añoranzas Mi madre  vivía en el Caserío de la Boquilla, en Salvacañete,  a tres kilómetros de la aldea de Casas Nuevas. Cada día bajaba andando a la escuela a través de la carretera N-420 Cuenca-Teruel,  junto con sus hermanos. Se bajaban la comida y comían en la posada del Tío  Cándido, tío de mi madre.

El Caserío de la Boquilla estaba situado junto a esta carretera, un poco más alto que la aldea de Casas Nuevas. Iba con veintitantos alumnos, hoy algunos de ellos ya  fallecidos, a la escuela de esta aldea donde estaba de maestro D.  Vicente Camero. 
Otras tres hermanas de mi madre iban con ella: Victoria, Isabel y Marina, además de otros  de la  aldea como Eugenio García, Conrado Marín García, algunos hijos del tío Luis "el Cojo", como Luis y Teodoro, los hermanos de la Fuente de la Zarza Flora, Tomás y Alfredo, hijos de la tía Cipriana y el tío Tomás y  así hasta veintitantos en años de mucha población en Casas Nuevas.
Era un  día de Jueves Lardero de la década de 1930. El maestro se los llevó en compañía  de su esposa Josefina  por el camino  que subía  desde Casas Nuevas hasta Los Casares en dirección hacia Santeroncillo  y allí en una espléndida zona, junto a unos tablas labradas, rodeados de espinos y majuelos, cerca de la Fuente de la Zorra  se comieron las viandas que llevaban en sus talegos a rayas. Cantaron alegres canciones, jugaron, aprendieron en la naturaleza se divirtieron de lo lindo. Al atardecer regresaron a la aldea  y mi madre y sus  hermanas  tuvieron que caminar en dirección a la Boquilla, donde vivían. Otros lo harían hasta la Fuente de la Zarza, distante unos tres kilómetros de Casas Nuevas   ¡Qué gran día de Jueves Lardero habían  pasado!
La fiesta de Jueves Lardero se celebra el jueves anterior al  miércoles de ceniza  y  era costumbre tradicional en Cuenca  ir con los maestros a comer al campo. La comida estaba formada por tajadas de la orza y tortilla de patata. En mis tiempos escolares íbamos con D. Evaristo Perea, mi maestro, a pasar el día al Ventorro donde estaba situado  el Coto Escolar. Los más mayores limpiaban los chopos, junto a la ribera del Cabriel  y los demás jugábamos  por los  antiguos refugios de la guerra civil situados junto al  viejo edificio  del Ventorro que construyó el médico de Salvacañete D. Petronilo Valero, propiedad ahora de sus nietas y nietos, las hijas e hijos de D. Vicente Valero Benavent y Dª Amparo Valero Benavent.  Pasábamos el día en el campo, aprendíamos en contacto con la naturaleza y por la tarde regresábamos a casa cansados pero  contentos.