jueves, 23 de marzo de 2017

Alcalá de la Vega rendirá homenaje al periodista y escritor Florencio Martínez

OJOS DE MOYA | Su pueblo natal colocará el próximo 15 de abril una placa conmemorativa en la casa donde nació
Florencio Martínez Ruiz, nacido en Alcalá de la Vega, cuyas cenizas descansan en el cementerio de San Isidro de Cuenca como uno más de sus Hijos Ilustres, homenajeado tras su muerte por diversas instituciones provinciales  y perpetuado su nombre en una de las calles de Cuenca, recibirá, tardíamente, pero no por falta de voluntad,  el homenaje de su pueblo  y amigos mediante la colocación de una placa en su honor  en la casa donde vivió en Alcalá de la Vega, el próximo día 15 de abril a las 14:00 h.

Periodista, poeta, escritor y crítico literario
En recuerdo de FLORENCIO MARTÍNEZ RUIZ 1930 – 2013 Periodista, Poeta, Escritor y Crítico Literario. Recopilación de Isaías Sáiz (Revista Kelatsa de Villar del Humo)
Florencio nace en Alcalá de la Vega (Cuenca) en 1930, hijo de Miguel Martínez Sánchez, secretario del Ayuntamiento, y de Alejandra Ruiz Eslava, de Villar del Humo.
Florencio cultivó todos los géneros periodísticos (la crónica, la crítica, la entrevista, el artículo, el reportaje, el ensayo, y la noticia pura y dura...) cincuenta años de periodismo literario convirtieron al muchacho de Alejandra y Miguel en uno de los periodistas, poeta y crítico literario más respetados en el mundo literario español e hispanoamericano.
Su vinculación con Villar del Humo fue muy intensa en edad infantil, pues pasa los veranos de 1942 y 1943, además de alguna que otra corta temporada con su tía Juliana, a la que quería y siempre recordaba con mucho cariño. También recordaba a otros familiares de este pueblo: a su primo Máximo, a su primo Federico, a su prima Gregoria, a su tio Quintín. etc, etc.
Con la preparación del cura de Alcalá de la Vega, D. Francisco Mantecón, ingresó en el Seminario de San Julián de Cuenca en donde estudió Latín, Humanidades, Filosofía y Teología. Llegado a la ordenación sacerdotal fue vetado por el rector del seminario D. Manuel Cañas, el cual posteriormente, quizá consciente y arrepentido de la injusticia cometida, intentó convencerle para que volviese al seminario y se ordenase sacerdote. Florencio ya había levantado el vuelo hacia otras latitudes, hacia otros derroteros. En la Escuela Normal “Fray Luis de León” de Cuenca estudió Magisterio y ya en Madrid se hizo periodista en la Escuela Oficial de Periodismo. En su juventud publicó poemas en revistas literarias como “Estría”, “Alcaraban” o “Signo”, además de colaborar en “Ofensiva”, “Diario de Cuenca” y un programa radiofónico literario, “Corona poética” en Radio Nacional de España en Cuenca. Funda revistas poéticas como “Gárgola” en Cuenca.
Siendo estudiante de periodismo y alumno aventajado del gran Pedro de Lorenzo, se integra en el equipo del semanario “El Español” en donde realizará más de cien entrevistas y reportajes a personalidades de la cultura. Después de fi nalizar sus estudios en la Escuela Ofi cial de Periodismo de Madrid y recibir las máximas califi caciones, publicará sus artículos y poemas en “La Hora”, “Punta Europa”, “La Estafeta Literaria” o “Poesía Española”. Florencio por entonces ya había conocido a María Jesús, la que sería su esposa, e inicia una página literaria en el diario “YA” y colabora en la revista de Camilo José Cela “Papeles de Son Armadans”, “Reseña”, “Razón y Fe”. A fi nales de los 60, después de trabajar varios años en el Ministerio de Información y Turismo, Florencio ingresa en el diario madrileño ABC, en donde llegará a ser Jefe de la sección de Cultura, y en el que ha desarrollado una dilatada, profunda y reconocida carrera periodístico-literaria escribiendo en “Domingos de ABC”, ”Domingo Cultural”, “Suplemento Semanal”, “Mirador Literario”, “Blanco y Negro” y por cuyas páginas Florencio, hizo desfi lar con su pluma genial, sensible y sublime a Borges, Miró, Halcón, Ortega y Gasset, Cunqueiro, Baroja, Zubiri, Sender, Alberti, Rosales, Celaya, Aleixandre, Dámaso Alonso, Carpentier, Gabriel García Márquez, Kenzaburo Oé, Hemingway, Pessoa, etc. En 1980 intensifi có su vinculación con los medios e intelectuales de Cuenca. Ha pregonado la Semana Santa conquense, las fi estas de San Julián y la feria del libro de Cuenca además de participar en la creación de la Real Academia Conquenses de las Artes y las Letras. Fue premiado con el Tormo de Oro y reconocido como “Conquense del Año”. Durante diez años de 1993 al 2003 escribió en su totalidad los artículos, reportajes, entrevistas y notas de “El Cultural” de “El Día de Cuenca”.
Tras veintisiete años en el diario madrileño ABC, colaboró como crítico radiofónico del periódico firmando con el seudónimo de “Piloto”. Desde el año 2003 y hasta su fallecimiento, fue asesor y coordinador de la colección de libros de bolsillo de la Diputación de Cuenca, Atalaya. Florencio a lo largo de su singladura periodística simultaneó su firma con los seudónimos de Eduardo Alcalá, Dámaso Cuenca y Luis de la Villa, tanto en la prensa nacional como en la regional y local. Entre sus libros figuran “La nueva poesía española”, antología crítica (1971), “Cuaderno de la Merced” (1976), “Nuevo Mester de Clerecía” (1977), “Juan Alcaide en sus raíces” (1996), “Siete Cipreses Conquenses” (1999), “Poetas conquenses del 50: los niños de la guerra” (2003), “Cuenca y los enconquensados”(2003), “El Cabriel dormido” -primera edición (2004), “La Ciudad Encantada, de Carmen de Burgos” (2004). “Poetas en el vientre de la ballena” (La primera generación conquense de posguerra) (2006). “José Luis Coll: in memoriam” obra coral donde también firma con su seudónimo Eduardo Alcalá (2007). “Aproximación a la obra narrativa de Meliano Peraile” (2007), “Leer y entender la poesía de Diego Jesús Jiménez” (2009)”. A través de sus artículos, en “Ofensiva”, “Diario de Cuenca”, “Radio Nacional de España en Cuenca”, “Gaceta Conquense” pero sobre todo en las páginas semanales del “Cultural del Día de Cuenca”. Martínez Ruiz ha proporcionado a Cuenca, nada más, y nada menos, que un cuerpo compacto de conciencia colectiva que, tomando como argamasa el concepto de lo “mágico”, ha tenido la virtud de unir los sillares dispersos de nuestras realizaciones y mostrarlos, al cabo, como la expresión más alta y coherente de un pueblo único y concreto, como el conquense. De esta manera, Florencio encontró la “voz” que le faltaba a Cuenca. Se han cumplido sus deseos y Florencio Martínez Ruiz descansa ya en el cementerio de San Isidro, sobrevolando las aguas verdes del Júcar a las que tantas páginas, tantos versos, dedicó en vida, compartiendo con el río madre las invencibles nostalgias suscitadas permanentemente por el otro río, el Cabriel, a cuya vera nació, en los peñascales de Alcalá de la Vega. 
Y así, entre ese doble amor fluvial, acompasando su devenir humano desde el río natalicio al que ahora se convierte en compañero hasta la eternidad, la vida de Florencio encuentra al fin el sosiego defi nitivo, el que pone fi n a los afanes, las esperanzas y las realidades de cada día. Desde unas atalayas similares a esta de San Isidro, la juventud de Florencio encontró en el seminario, también sobre el Júcar, el adecuado mirador desde el que extendió su vista sobre el horizonte inmediato, en el que halló los fundamentos que habrían de servirle de pivote constante: la poesía, a literatura, la fantasía, la actualidad, Cuenca. Un día de mayo, desapacible y lluvioso, se han reunido un grupo de amigos para recibir la urna con sus cenizas y acompañar a sus familiares en la ceremonia, íntima y entrañable, de depositarla en tierra, entre las tumbas de Fernando Zóbel y Bonifacio Alfonso. Cumpliendo sus deseos, Manuel Cano, Carlos de la Sierra y Francisco Medina cantaron “In paradisum” y el primero de ellos ha leído los últimos versos, el postrer soneto, escrito por Florencio apenas una semana antes de morir.
Cuando llegue mi hora, Fortunato,
a la tropa escolar pon sobreaviso
en La Merced y cumple el compromiso
de reclutarla a golpe de silbato.
Cántame “In Paradisum” de inmediato
en latín de Pedrone si es preciso,
y que el deán dé al Júcar su permiso
para asistir al coro por un rato.
Que te acompañen con su voz más pura.
Gregorio, Vieco, Luis, Pinga y Vicente
y, con su icono mágico, Anastasio.
Y, si Dios encarece la factura
y hay que esperar, que Cuenca me represente
cerca del Cielo, en su alto iconostasio.