sábado, 18 de enero de 2020

La inscripción ibera de Casillas de Ranera


OJOS DE MOYA | Una mirada a uno de los restos arqueológicos más peculiares de la comarca
Presentamos un fragmento de inscripción romana de carácter votivo que procede de Casillas de Ranera (Cuenca), en el Llano de Sinarcas. La lectura es complicada pues se conservan solamente tres líneas, y alguna está incompleta. En el texto se identifica un antropónimo y parte de la fórmula votiva V. [S]. L. M.

La inscripción que presentamos se localizó reutilizada en una horma entre dos campos en la finca Dehesa de Ranera, próxima a la pedanía de Casillas de Ranera (Talayuelas, Cuenca). Toda la zona estuvo dedicada al regadío, por lo que el paraje se conoce como Los Huertos de Ranera. En este entorno debió de existir una villa que quedó parcialmente destruida cuando se construyó el campamento de verano Alta-Lai, donde se recuperó la inscripción. Todavía se aprecian muros semienterrados y, apartados en las lindes de los campos, varios contrapesos de prensas que nos indican una actividad agropecuaria.
Constancio Hernández, un agricultor que posee tierras en este paraje, la descubrió, antes de la construcción del campamento, y la trasladó a su vivienda donde la conserva. Uno de sus hijos trabaja en Requena y nos comunicó que su padre tenía una inscripción, y así fue como hemos podido estudiarla1
La inscripción se localizó en el sector meridional del llano, que es el más fértil; está surcado por la rambla del río de Ranera, que más abajo es conocida como rambla de la Torre, que se une al río Magro cerca de Utiel. El curso de estas ramblas es la vía natural de comunicación de la Meseta de Requena-Utiel con Teruel y la Serranía, y estuvo más activa durante el Ibérico pleno.
El Llano de Sinarcas en época ibérica está dominado por el cerro de San Cristóbal, habitado desde el siglo VII a.C. que se abandonó en época romana como el resto de atalayas defensivas del territorio de Kelin. 
La población se trasladó al llano con una intensa ocupación, según se desprende de la abundancia de restos romanos que se han localizado en toda el área. De entre los múltiples testimonios destaca el hallazgo de la conocida Estela de Sinarcas, que evidencia la aceptación de las costumbres funerarias romanas entre la población indígena (Martínez Valle, e.p.). | LEER TRABAJO COMPLETO |